“Jesús educa con autoridad porque es auténtico y es la verdad.”

50 años en la Compañía de Jesús del P. Enrique Rodríguez SJ – Discurso de agradecimiento

abr 17th, 2012 | By | Category: Religión, Teología y Vida Eclesial

Por ENRIQUE RODRIGUEZ SJ

Este día es muy significativo para mí, y al poder compartirlo con todos ustedes, crece en significación. Estamos en los días grandes de Pascua y la Palabra de Dios en la liturgia nos ayuda a situarnos. Los Hechos de los Apóstoles nos recuerdan la pregunta que hacen a los seguidores de Jesús: ¿En nombre de quién han hecho esto? En el apéndice del cuarto Evangelio que hemos escuchado, está implícita la misma pregunta que los apóstoles se hacen a sí mismos: ¿Cómo hemos podido tener una pesca tan fructuosa después del fracaso nocturno? Es natural que escuchemos y formulemos hoy las mismas preguntas. La respuesta ha sido y sigue siendo única: Todo lo que hemos hecho ha sido y es en el nombre de Jesús, el único nombre en el que hay salvación.

He recibido una carta muy gentil del padre General y otra del padre Provincial, en exceso generosa. Les agradezco y en ellos a la Compañía de Jesús que hace 50 años me acogió para servir con ella a la Iglesia. Como no he pedido a un panegirista que diga las palabras alusivas a la fecha, se me ofrece mejor dar lectura a dos oraciones, una del padre Ribadeneira y otra de mi autoría, seguidas de un pequeño texto que Cicerón hubiera llamado escolio. Creo que la suma de los tres expresan mi realidad y mis sentimientos en estos días.

1. Oración del Padre Pedro de Ribadeneira a San Ignacio (Tomada de sus Confesiones)

Padre santo de mi alma, padre mío dulcísimo y suavísimo Ignacio, aunque vuestra caridad se extiende a favorecer y amparar a todos vuestros hijos, acordaos que estáis más obligado a socorrerme a mí, por ser mayor mi necesidad que la de otro ninguno, y por lo mucho que os he costado. De mi huyo a vos, espantado de mí, me echo en vuestros brazos para que ellos me animen y sustenten. Y pues confieso que el haber entrado en vuestra Compañía y haber perseverado en ella lo debo al Señor por vuestros merecimientos, y que por ellos hoy día me sufre con extremada e inefable clemencia, pídoos que deis perfección a lo que habéis comenzado, y que acabe yo de comenzar a imitaros, y que pues tenéis tan ganada la voluntad del común Señor, que le pidáis que trueque la mía rebelde, y ablande este corazón duro, para que de tal suerte se amolde a vuestro Instituto y me ajuste con vuestra vida, que merezca el nombre de hijo vuestro y goce de vuestra vista, y, por vuestra intercesión, de la de Su Divina Majestad y de la gloriosísima y santísima Virgen María, Nuestra Señora, y de todos los ángeles y santos, y particularmente de los hijos vuestros y hermanos nuestros que están en el cielo, de la Compañía de Jesús, el cual sea venerado y glorificado y ensalzado para siempre. Amén. Amén.

2. Oración del 5 de abril 2012. Jueves Santo.

Te pregunté, Señor, en un exceso quizá de confianza, ¿qué me vas a regalar por este medio siglo? Me respondiste: Mira alrededor. Esto hice y recorrí capillas, retablos, bóvedas, imágenes, cuadros, escaleras, torres. La vista se detuvo en la Portería del antiguo Colegio de San Pablo. El 29 de octubre de 1767, 181 jesuitas de la Provincia del Perú atravesaron esos portones que nunca volvieron a ver. Entonces dije: Gracias, Señor, por haberme permitido promover la restauración de este espacio monumental, como homenaje a la obra evangelizadora de la Compañía a lo largo de doscientos años. Es un acto de justicia histórica frente a la expoliación, la incuria y el apocamiento. Es un regalo inmenso que nunca pude imaginar.

Es justo que hoy deba pensar también en un regalo para ti. Se me ocurre tan solo, como ofrenda, escribir algunas líneas sobre esa oración a veces extraña y a la vez familiar que aprendí de niño y he repetido millares de veces: la oración de Maestro Ignacio.
Tomad, recibid. Una mano se cierra, una mano se abre. Se cierra primero para asirme y yo me siento tomado de la mano, guiado paso a paso, por un lazarillo amigo.
Tomad mi libertad. Fueron esas, no otras, mis palabras. Te pedí me tomaras fuertemente; que no me dejaras escapar. Me tomaste de la mano, del hombro algunas veces, del pescuezo algunas otras. Tomaste mi corazón y mi cabeza.

Desde entonces no puedo pensar sin ti, ni sentir sin ti. Me quitaste la libertad que te pedí me quitaras, por amor que quemaba y por razón que aún sigue tronando. Desde entonces, o en realidad fue mucho antes, mis recuerdos se pierden en el tiempo cuando me enseñó mi madre a dormir repitiendo tu nombre (Tomad mi memoria).
Y el orden de las cosas, el por qué, el para qué, la razón del ser del mundo, del universo creciendo (Tomad mi entendimiento), no han tenido más sentido que tú mismo.
¡He querido tantas veces ser actor del gran teatro universal! Solo logré hallarte a ti, el protagonista. Por eso es que he querido y quiero, fue y es mi determinación deliberada (Tomad mi voluntad), enrolarme en tu servicio sin más razón que tu nombre, que lo llena todo.

Pasada toda esta vida de la que nada espero y a la que aún deseo poder aportar algo, pienso en mis fuerzas que no son las de antes, en los ánimos que son mucho menos. Si nada tengo que no sea experiencia y aquello que pedí y me concediste, aunque no sea en el grado de Salomón, permite que pueda seguir sirviendo a tu Iglesia, a la que siempre amé por encima de todo. Que los afligidos del mundo sean hasta el final tu imagen, y yo lo sea para ellos. Que nuestro Jueves Santo sacerdotal se haga eterno. Amén. Amén.

3. Ahora viene el escolio. Agradezco a mi familia que siempre estuvo a mi lado y nunca me falló. Evoco agradecido a los jesuitas padres César Toledo, José Luis Rouillón y Porfirio Martín; los tres dejaron en mí la huella de los maestros. Hoy pienso en mi fe católica y apostólica que se robusteció en el diálogo con actores, compañeros y autores que no cito, pero que ocupan un lugar principal en mi oración de acción de gracias. Prefiero más bien, citar al profeta Isaías que refleja mi situación a estas alturas de la vida, pero para no aburrirlos más lo cito con letra y música de esa canción de José Luis Perales que dice: “Hoy quiero confesar que estoy algo cansado” en la interpretación, según los gustos, de Isabel Pantoja o mejor en la de José Alberto El Canario. Cierro las comillas. A pesar de todo también quiero confesar que hice amistades perdurables en Huancayo, Piura, Jaén y Lima, que hoy me hacen sentir que la vida vale la pena. A los colegas, alumnos y alumnas que me hicieron maestro les debo más de lo que pueden imaginar. A quienes me hicieron descubrir y modelaron mi vocación de pastor en El Montón, en jirón Chancay, en el Cono Oeste de Piura donde me estrené como párroco, en Morro Solar, en Huabal y Villa San Luis, gracias infinitas. Por fin, gracias a las históricas Parroquias de Nuestra Señora de los Desamparados y San Pedro que me han acogido como servidor y párroco.

Gracias a ustedes que aquí o desde un poco más allá hoy me acompañan en esta acción de gracias.

José Enrique Rodríguez Rodríguez

Un comentario
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  1. MUY INTERESANTE LO QUE HA ESCRITO CRISTIANAMENTE PADRE ENRIQUE, SOY HIJO DEL PROF. LIMAY, QUISIERA CONTACTARME CON UD. GRACIAS

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