"Educar es ayudar a crecer"

PROMOCIÓN 94 STA – El comienzo de la historia

Nov 20th, 2012 | By | Category: Educación y Familia

Por ALDO LLANOS MARÍN

A tus claustros amados venimos

Oh colegio de Santo Tomás

A buscar el saber del mañana

Que en la vida triunfar nos hará

-Primera estrofa del himno del colegio-

No sé si este artículo haya sido uno de los más difíciles en concebir y escribir, pero de que me ha costado mucho, me ha costado, porque es la primera vez que escribo algo sobre nosotros. Y digo bien “nosotros”, porque los destinatarios son todos ustedes, quienes por azar o por destino (elija su opción a gusto), hemos sido los actores principales de esta historia sin fin (y lo digo bien “sin fin”).

Es ineludible empezar a escribir desde la protohistoria de estas vivencias, y en virtud a ello, me remitiré hasta el lejano 1984, cuando desde entonces muchos de los protagonistas de esta promoción veían sus caras por primera vez, en medio de llantos y pataletas propios del primer día de clases. El primer recuerdo siempre será con la miss Nelly, quién nos esperaba en la puerta del colegio mientras asistíamos correctamente uniformados en los primeros días de abril: con pantalón gris “escolar” y camisa blanca, que llevaba la insignia pegada con broches sobre el bolsillo. Para envidia de los alumnos contemporáneos, el año escolar se iniciaba en abril y no en marzo, por lo que siempre teníamos un mes más de vacaciones junto a nuestros padres. ¡Y no se quejaban como los de ahora!

Ese primer día nunca lo olvido, el sol no había salido pero se sentía el calor que aún no abandonaba Lima, todo era menos traumático ya que nadie hablaba de calentamiento global ni de agujeros atmosféricos y la barbarie comunista recién hacía metástasis en provincias. Recuerdo el viejo Volkswagen escarabajo verde de mi padre, uno de tantos, muchos, ¡miles! que circulaban por todas las arterias de la capital, mientras sentado en el asiento de copiloto, miraba con cierta ansiedad las calles del trayecto La Victoria – Cercado de Lima, rumbo a la Rinconada de Santo Domingo.

  • No olvides hacerle caso a tu maestra y estate muy aplicado mi hijo, ¿está bien?
  • Sí papá
  • Te recojo a la 1 pm acá en la puerta, ¿está bien? (hora de salida de primaria en aquellos años)
  • Sí papá

Y con la característica afectiva de mi padre, me dio un par de palmazos en la espalda y me dejó allí, en medio de un bullir de niños que se agolpaban a la puerta junto a sus padres, muchos de ellos navegando en un mar de lágrimas de críos.

Uno de esos niños llorosos se sentó a mi lado, por conveniencia de la maestra, en aquellas mesas rectangulares que agrupaban en promedio a seis niños, y desde ese momento, fuimos los mejores amigos de primaria hasta que se fue antes de pasar de nivel. Me estoy refiriendo a un niño tan alto como yo pero el doble de corpulento, de cabello rizado y corte al ras, en una cabeza tan peculiar por su forma ovoide, ¿su nombre?: Luis Dulanto Zuñiga, o mejor dicho “Dulanto”, porque en el santo Tomás de Aquino de antaño, se llamaba a todos por su primer apellido. Era el primer grado “A” de primaria que de principio a fin, vivió una rivalidad con su alter ego: el primero “B”.

Desde aquellos tiempos, aprendes a querer a tu colegio por las personas y por lo peculiar del lugar. Te acostumbras al crujir de los tablones de madera del segundo piso y sus escaleras, mientras un sinfín de piernitas la transitan durante el recreo; te acostumbras al olor de la madera bañada con petróleo con el que limpiaban el piso la tarde anterior; te acostumbras al olor de la fruta guardada por horas dentro de las loncheras “Aladdin” de BASA y te acostumbras a un aula en donde los techos son tan altos como vetustos.

Desde aquellos tiempos jugábamos a ser héroes, pues cuando mi querido amigo Daniel Díaz del Olmo se echó a llorar desconsoladamente una mañana porque había escuchado que lo iban a mandar al “cuarto de la calavera”, en el acto se formó una intrépida expedición de aventureros para encontrar el ambiente maldito, -razón de nuestros temores y relatos infantiles de horror-, y enfrentarnos al temido esqueleto que de seguro nos aguardaba para darnos un susto mortal. Simplemente íbamos con un diccionario mental en el que “peligro de muerte” eran una combinación inofensiva de palabras. Lo fáctico, era el miedo a la palmeta que empuñaba con cara de malo el auxiliar de secundaria, La Rosa.

Jugábamos a émulos de grandes batallas, como en aquella mañana en las que todo el primer grado “A” y el primer grado “B”, decidieron enfrentarse en el corredor del segundo piso que separaba a ambas aulas. Ese día, hubo un contratiempo en los horarios de las maestras, situación que fue aprovechado por el gordo Wilder Barrueta Bozeta para pactar el choque. Llegada la hora del recreo, nos sacamos las chompas, casacas y correas cual armas de combate y al toque del timbre, recreamos en versión infantil, la Batalla de Gondor, que no se detuvo sino hasta que vimos en el suelo a un niño caído en el fragor de la lucha: el “monito” Diaz Bernuy, quién era atendido por el chino Lau Bardi y el chato Paucar. Le habían dado con mucha puntería en la cabeza con la pretina de una casaca “Monti” azul. Esto lo sé, porque todos corrieron asustados a sus salones y con el campo de batalla despejado, pude ver al lado del contuso, el objeto del mal.

Este fue el primer choque de una serie de escaramuzas que se prolongarían hasta que las maestras, miss Nelly y miss Catalina, decidieron enfrentarnos por lo sano, es decir, en un partido de futbol el último día de clases, día en que se hacía la entrega de libretas y la premiación de los primeros puestos. El choque lo ganamos, -lo digo porque era el aguatero del primero “A”-, por tres goles a uno, goles que hicieron que “Los delfines”, de camiseta y shorts azules con medias blancas, venciéramos a “Cienciano”, de camiseta roja y short y medias de color blanco. Este equipo se llamó así porque su tutora, la miss Catalina, era cuzqueña de pura cepa.

Fuimos héroes en medio de una correcta educación diferenciada, ya que creo que no seríamos los mismos hoy si el cole hubiera sido mixto (y esto incluye a los que viven su sexualidad de modo diverso). Ser varones y estar sometidos a una disciplina severa (porque lo fue), hizo que la mayoría de integrantes lleguen a ser lo que hoy son: buenas personas y no personas buenas.

Los recuerdos son inacabables de ese 1984: la disputa por los primeros puestos con Henry Trinidad Silva y Roger León Moreno, la habilidad futbolística del chato Luis Miranda Ardiles, las performances de marinera de Israel Eran Girio, los pantalones bombachos del finadito Victor Villegas Obesso, la invitación de cumpleaños en la casa del flaco Fabricio Espinoza en Barrios Altos, las impertinencias en clase de Cesar Amézquita, la generosidad en el préstamo de útiles de Pepe Correa, la risa escandalosa del flaco Arce, la lonchera opípara del gordo Wilder Barrueta, las inexplicables tardanzas de Carlos Peralta quién vivía al frente del colegio, las actuaciones que mirábamos apostados desde el balcón del segundo piso, las poesías que teníamos que aprender a recitar, las clases de educación física con el profesor Fernández que cada cierto tiempo nos regalaba una mañana futbolística, las visitas del director Fray Arturo Eláez Ramírez OP, en quien tiempo después muchos vieron a un personaje de “Calabozos y dragones”; además del vendedor de churros de la salida, que ofrecía el juego de adivinar en qué mano tenía escondida la moneda para poder ganar un cuarto de churro embadurnado en azúcar blanca.

Cuando estabas enfermo, simplemente te quedabas en casa, y ni hablar si es que tenías la autorización de tus padres para ver la tele, porque desde las ocho de la mañana e inmediatamente después de la desaparición de las “hormiguitas” de la pantalla y la culminación del himno nacional, empezaba la tanda de dibujos animados hasta las once y cuarenta, momento en el que empezaba “Un mensaje a la conciencia”, conducido por el recordado hermano Pablo en el canal 5, o “La cocina de Teresa Ocampo” si estabas mirando el canal 4.

Cool Mc Cool, La abeja Maya, Capitán Centella, Capitán Futuro, El vengador, Mazinger Z, Meteoro y demás, pusieron su cuota en la construcción de nuestro imaginario colectivo expresado en nuestras incipientes obras del curso de arte, mientras los domingos por la mañana, la cita infaltable era con el “Show de Hola Yola”. Eran tiempos tan inocentes que ante la falta de compañeros de juegos no teníamos ningún reparo en jugar con la hermana y/o las amigas al “Yas” o ayudarle a cortar sus “muñecas recortables”.

Eran tiempos en lo que casi todas las familias asistían a misa los domingos por la mañana, tiempos en los que en el primer día de clases, todo el plantel asistía a la celebración eucarística de inicio del año escolar en la Basílica del Rosario en Santo Domingo. Esos tiempos marcaron mis recuerdos de niño de seis años: las pinturas y la decoración del barroco colonial, los azulejos sevillanos, las reliquias de los santos peruanos, el color blanco y negro de la orden dominica por doquier, el olor a incienso quemado.

Después de vagar por el agnosticismo más libertino, me pregunto que hubiera sido de mí –a pesar de todo-, si hubiera concurrido a una escuela sin ninguna dimensión religiosa pues esos recuerdos fueron los hilos conductores que me devolvieron a la fe y a la Vida.

7 comentarios
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  1. Promocion muy buen articulo, estare a la expectativa de las otras me hiciste recordar muchos momentos maravillosos de mi niñez, un abrazo Aldo que sigan los exitos.

  2. Caramba, me has hecho recordar con mucha nostalgia aquellos tiempos del colegio, momentos que nunca olvidaré.
    Cómo olvidar nuestros años de infantiles peripecias por el colegio que nos hizo lo que ahora somos. Yo no tuve la suerte de estar desde el primer grado de primaria, llegué a partir de cuarto, pero me bastó para tener el cariño más grande y los recuerdos más bellos de mi amado colegio.
    Esperamos la próxima entrega, hermano.

  3. Amigo Llanos,
    Te agradezco tu aporte para las mentes tan frágiles como la mia. Nos estas recordando cosas tan buenas, puras y locas que pasamos. Tuve la suerte de empezar con la Srta. Nelly y pertenecer al equipo de los delfines….. Creo que fui suplente. Pero lo que si recuerdo fue la batalla en el segundo piso, las caras no pero si el apanado que me hicieron…. Al final tuve que sacarme la correa para defenderme. Recuerdo también a Amezquita, parecía mi hermana mayor y por decirlo, la Srta. Nelly me castigo y me puso al frente.
    Otra vez gracias por este gran artículo.

  4. Indudablemente los mejores recuerdos se sacan de nuestro querido colegio,recuerdos que me han sacado varias sonrisas y suspiros con nostalgia .Aquellos años que nunca se iran de nosotros ,como las carreras que haciamos en el pasadizo o cuando lo molestaba al chino Nakahodo y la miss Catalina me castigaba .Por eso esperare la 2da parte, jeje.Gracias estimado Llanos por esos lindos recuerdos.

  5. Esos recuerdos que cada uno tenemos se avivaron al ver este gran post, cada uno vivio a su manera ya que cada uno tiene su proceso de vida, GRACIAS a ustedes por compartir grandes recuerdos, gracias por que cada experiencia hizo que cada uno madurase de acuerdo a lo vivido. de hecho que volvería a repetir todo lo vivi en ese lindo y añejo colegio

  6. Estimado Aldo.,
    Muy sorprendido al leer este artículo tan rico en recuerdos y anécdotas….. si en algo puedo añadir, recuerdo mucho la lonchera tan gastronómica de nuestro amigo Luis Castañeda Anco, cuando llevaba su rico tallarin con pollo y arroz chaufa y todos acumulados alrededor de el, esperando que nos invite….jajaja, asi como cuando ya en secundaria nadie pensaba que el “negro” Bernal ocuparía en primer puesto en el concurso de matemáticas….jajja muy bonitos recuerdos y nuevamente gracias por hacer de este espacio un lindo recuerdo.
    Saludos.

  7. Claroooo Los Delfines…… gratos recuerdos ….Aldo mandame tu correo x ahi tengo la fotode nuestro equipo en 1er grado.

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