“Jesús educa con autoridad porque es auténtico y es la verdad.”

PROMOCIÓN 94 STA – El proceso de transición (I Capítulo)

nov 29th, 2012 | By | Category: Educación y Familia

Por ALDO LLANOS MARÍN

Según la RAE, transición es definida como: 1. f. Acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto; y eso es precisamente lo que ocurrió en el paso de nivel primario a secundario dentro de todos nosotros. Si nos atenemos a una correcta antropología de matriz filosófica trascendente, entonces estaremos en inmejorable posición para entender lo que ocurre en el interior de unos niños que están dejando de serlo para ser unos púberes y posteriores adolescentes.

En cuanto al tiempo, tal vez no fue una época dorada para el país, si es que hablamos en términos puramente economicistas, pues a pesar de la escalada terrorista en la ciudad de Lima, aún la sociedad reclamaba implícitamente la importancia del padre junto a la madre en la formación recta y disciplinada de los hijos, cosa que en la actualidad se ha venido a menos, situación que constatamos día a día los que nos dedicamos a la docencia escolar y universitaria, así como los profesionales de la salud mental. Esta afirmación podemos evidenciarla ya que no estamos enceguecidos con la venda parental, que a veces por mucho amor, no permite ver lo negativo de un proceso de crianza y formación así como las propias deficiencias de los roles: padre – hijo(a), madre – hijo(a), esposo – esposa.

Muchas deficiencias y cualidades son acrecentadas en esta etapa, -que demás está en calificar como “crítica”-, etapa en la que se exacerban o inhiben casi definitivamente todas nuestras miserias y nuestras grandezas. En esta transición se “cocina” el plato a servirse en la adultez y que a pesar de no ser determinante, ya que todos podemos cambiar hasta el último minuto de nuestras vidas, mientras más nos alejemos de este maravilloso tiempo de crecer, más cuesta arriba se pondrá la consecución de la anhelada madurez.

Al ser más “grandecitos” era obvio que la disciplina se elevaba exponencialmente para todos nosotros, y la palmeta ya la sentíamos respirando en nuestras manitos al aproximarse la secundaria y al observar el accionar correctivo de los auxiliares de dicho nivel: La Rosa y Morales -el viejo y no el posterior “Capulina”-, imponiendo la ley y el orden, cual sheriffs del viejo oeste.

Los últimos dos años de primaria estuvieron marcados por el recuerdo de aulas atiborradas de varoncitos, imagínense nomás el “chambón” que le significaba a un maestro intentar enseñar y mantener la disciplina a ¡¡¡sesenta niños por sección!!!, y eso que había el A, B y C. En esa dura y sacrificada labor recuerdo al profesor de religión Espinoza, flaco, con lentes y de porte raleado como su vieja guitarra con la cual intentaba hacernos cantar y superar a nuestra competencia institucional inmediata: los “Toribianitos”, del hoy cerrado “Externado de Santo Toribio de Mogrovejo” en el Rímac, ubicado más allacito de nosotros nomás, cruzando el puente Santa Rosa.

Las formaciones de los lunes por la mañana, al ser demasiado alumnado en el centro educativo, lo hacíamos en lo que hoy es la alameda “Chabuca Granda”, que estaba rodeada por una malla metálica y por un muro que nos separaba de “Polvos Azules”. Existían unos tres cuadrados que fungían de almácigos para unas raquíticas y enclenques plantas, mientras que desde el tercer piso del edificio de secundaria, que da cara a la alameda, el director, Fray Arturo Eláez Ramírez, daba sus lunes de “balconazo” que estaban muy de moda en ese entonces por gracia del jovencísimo gobernante Alan García Pérez, quién se encontraba en su primer y desastroso mandato. Siempre se cantaba el himno nacional y el himno al colegio, que eran instrumentalizados por una entusiasta y… humm… esteeee… ¡entusiasta banda de música!, dirigida por el auxiliar de educación: Morales (me refiero al joven, que siempre será recordado por su sobrenombre: “capulina”).

Mientras eso ocurría, a las órdenes de: “¡escoooolta!, ¡listooooos!, ¡marchen!”, otra entusiasta agrupación de seis alumnos del quinto año de secundaria, con sendos escarpines, guantes blancos y boina oscura sobre la cabeza, cargaban muy marcialmente unas viejas escopetas “Mauser” sobre el hombro izquierdo. Sin dudas en muchos de nosotros, estas presentaciones alimentaron el deseo de integrar la escolta del colegio llegado el momento. Esta escolta estaba organizada y dirigida por un docente de secundaria, bajito y moreno, que le gustaba andar en polos de manga cero y que le gustaba presumir de haber sido instructor de combate lucha cuerpo a cuerpo en la P.N.P ¿su nombre?, Segundo Távara Quispe, más conocido en el mundo de la farándula aquinense como “Panthro”.

¿Cuáles eran nuestros vacilones?, pues jugar a las chapadas (sanamente y a lo “macho”, eso creo); al futbol en la alameda, que en ese entonces era el área destinada para los de cuarto, quinto y sexto de primaria en los recreos y en el cual podían realizarse hasta cuatro partidos en simultaneo sobre la misma cancha, en medio de empujones y tropiezos; y a la guerrita de caballos, que consistía en cargar haciendo “capachún” a otro alumno como si fuera un jinete y topetearse con otros hasta derribarlos. Este juego épico era emocionante, ya que al ser tan grande el espacio y al haber tantos jinetes, no sabías por donde te iba a llegar el empujón que iba a estrellarte contra el suelo, que mientras más aparatoso fuera, más risas produciría en los participantes. Recuerdo que mi jinete durante todo 1989 fue el chato Paucar, con quien logramos el título de modo invicto, a costa de pantalones descosidos, zapatos abiertos, camisas rotas y en algunos casos, trozos de piel y sangre.

En cuanto al amor, vivíamos muy acorde a nuestra edad cronológica, es decir, la mayoría no andaba con las hormonas revueltas ante la uasencia de estímulos externos descarados, cosa que sí se dio ni bien alcanzamos la secundaria. Éramos tan sanos, que todas las fiestas de cumpleaños eran “infantiles”, sí, ríanse al gusto, tan infantiles que se clasificaban como “Matinés”, o sea una fiesta en horario diurno.

En la televisión ninguno se perdía las series de moda, ya que de a pocos estábamos dejando la adicción a los dibujos animados, salvo Robotech, Gobots y Transformers, que llevaban el aliciente de poseer un respetable merchandising para la época. ¿Quién no suspiró por el avión – robot Varitech?, ¿quién no clamó en su cumpleaños por el robot – pistola Shockwave?, ¿por Líder 1, Cykill, Cratcher, Scooter, Coptur, Optimus Prime, Megatrón, Starscream, Soundwave, Bumblebee?, y ni hablar si te conseguías a un Dinobot, Insecticon o Constructicon. Puedo respirar tranquilo, porque si bien no tuve los más cotizados modelos, al menos mi padre se las ingenió para conseguirme tres de ellos en tamaño mini más tres historietas, jajaja, te quiero viejo, me consta todo lo que hiciste por encontrar esos juguetes sin atentar a nuestra apretada economía en tiempos de hiperinflación. También hay que mencionar a los Thundercats que tuvo una respetable sintonía pero cuyo producto publicitario más reconocido fue su álbum de figuritas.

Entrando en el rubro anteriormente mencionado, debo remarcar que casi todos los álbumes tenían una temática educativa, Navarrete por ejemplo, se preocupaba porque surjan colecciones de figuritas como: “Maravillas de la Naturaleza”, “El maravilloso reino animal”, “El cuerpo humano”, o en su defecto, los clásicos álbumes del mundial, como los de México 86 e Italia 90. Aún conservo uno de ellos y de tiempo en tiempo reviso sus amarillentas páginas con nostalgia. Cómo olvidar el momento en que debía pedirle a mi padre 0.30 céntimos para correr inmediatamente al kiosco de periódicos y comprarme un paquete de figuritas abriéndola con suma fruición; cómo olvidar llegar al colegio con las figuritas repetidas en intercambiarlas con las de los compañeros al ritmo de los clásicos: “¡Yala!”, “¡Nola!”; cómo olvidar que ante la dificultad de completar el álbum por tres o cuatro inubicables figuritas, teníamos que ir a la avenida Nicolás de Piérola para encontrarlas. Eran épocas tan sanas que cuando apareció el álbum de “La pandilla basura”, la municipalidad y la vieja USE de Lima la prohibieron y en el colegio se sancionó a todo alumno que la compró y llevó al colegio. Bueno, nunca tuve el álbum por obediente, aunque guardé una sola figurita que el zamarro de Renzo Roldán Pozo me regaló: “Pelona Ramona” o sea una figurita con la imagen de una muñeca que se arrancaba el cuero cabelludo mientras se peinaba con un filoso peine.

Con todo, los juguetes iban quedando atrás pero resistiéndose a dejar de hechizarnos, como cuando llegaba la navidad y era costumbre ir a los languidecientes supermercados “Scala” y “Monterrey”, quienes vivían sus minutos de descuento en el mercado nacional aunándose a las fenecidas “Tía”, “Todos” y “Galax”. La atracción para los niños eran los diferentes modelos de carritos de la marca “Hot Wheels”, mientras las niñas corrían tras los “Pequeño Pony”, los “Cariñositos” y los “Topo Gigio”, que en ese entonces se compraba de oferta junto a la batea azul que auspiciaba el detergente “Ariel”.

Pero volviendo a las series, cabe mencionar que siempre eran el centro de nuestras conversaciones. Si el coronel Fletcher por fin había capturado a los evasivos John “Hannibal” Smith, Templeton Peck (“Fast”), Mario Baracus, y al loco Murdock en “Los Magníficos”; si Diana y Lidia por fin habían logrado vencer a la muy combativa resistencia de Mike Donovan y la pequeña Elizabeth en “V, invasión extraterrestre”, situación que discutían las féminas lagartonas en mención mientras se comían vivos a unos apetitosos cuyes; si Kid, el “Auto Fantástico”, o los artillados helicópteros “Relámpago Azul” y “Lobo del aire”, habían desplegado una nueva habilidad tecnológica; o si “Manimal” por fin se había convertido en otra cosa que no sea una pantera o un águila. Cuantas horas dedicadas a esos importantísimos temas de conversación.

Para esos tiempos, la música de moda solía propalarse por radio “Panamericana”, que era la que imponía los gustos musicales del momento y que introdujo para 1989, el cadencioso ritmo de la Lambada, llamada también como el “baile prohibido” por sus movimientos sensuales en pareja. Y es precisamente esta canción, la que me permitió guardar el recuerdo imborrable de nuestra fiesta de promoción de primaria, la cual se realizó en el auditorio del colegio, un sábado por la tarde. La reunión había empezado con todo el protocolo de rigor: palabras alusivas por aquí y por allá, los respectivos himnos, la entrega de diplomas y medallas a los primeros puestos, que por ese entonces me disputaba con Michael Zárate Urbano y los bocaditos a discreción; hasta que el animador mencionó que ya era hora de que nosotros bailáramos y puso de improvisto “Llorando se fue”, originalmente una canción en ritmo de saya del grupo boliviano “Los Kjarkas” pero que fue popularizada mundialmente en ritmo de Lambada por el grupo brasilero “Kaoma”, la que precisamente empezó a sonar. “¿Quién se atreve a bailar?”, inquirió el animador mientras todos nos quedamos perplejos sin poder atinar a nada. Usualmente hubiéramos corrido en estampida porque nos avergonzaba mucho bailar con una niñas y más aún frente a nuestros padres, ¡¡¡y encima esa canción!!! hasta que de pronto alguien se animó. El aventado en cuestión era uno de los más avispados miembros de la promoción, que sin ningún roche se abalanzó sobre una agraciada niña mucho más alta que él y la sacó al medio del auditorio acondicionada como improvisada pista de baile, ¿de quién se trataba?, pues del gordo Ricardo Bardalago, quién nos regaló un momento hilarante y mágico, y digo bien “mágico” porque tiempo después comprendí que ese fue un signo, el signo de lo que se vendría al año siguiente durante la secundaria: el despertar de un púber y la dormitación perpetua del niño que estábamos dejando de ser. Bienvenida secundaria, ¿estábamos listos para afrontarla?

 

Un comentario
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  1. Estimado Aldo
    Muy buenos recuerdos has descrito. Felicitaciones por las cronicas descritas en nuestro Colegio Santo Tomaás de Aquino en el nivel de primaria. Lo que has mencionado me ha traído aquella buena etapa de nuestra vida, que a pesar de las dificultades en el exterior del colegio, nos formó adecuadamente.

    Saludos a la espera de nuevas crónicas.

    P.D. No sólo en la sección A (lo cual en el nivel primario era desde el 1er grado hasta el 6to grado) habían buenas experiencias, algo comentaremos más adelante. Recuerdo esa fiesta de promoción en el que muchos estabamos algo cohibidos…

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