“Jesús educa con autoridad porque es auténtico y es la verdad.”

PROMOCIÓN 94 STA – El proceso de transición (II Capítulo)

dic 9th, 2012 | By | Category: Educación y Familia

Por ALDO LLANOS MARÍN

Yo soy un as en el deporte,

soy como pez en natación

bailo bastante bien

y no conozco a quien

que me gane en diversión

(“Ella me gusta” – Magneto)

El proceso de transición infancia – adolescencia culmina a lo largo del trayecto que transcurre entre el primer y el tercer grado de secundaria, que a su vez debe promover estudiantes con virtudes definidas de acuerdo a una correcta escala evolutiva del desarrollo de la persona humana. Esto es la teoría pero el papel lo  “aguanta todo”. Pero la verdad de la milanesa radica en que estos buenos propósitos se concretan en todos pero no de la misma manera, de este modo encontramos entre 1990 y 1992, a un grupo de púberes y adolescentes en distinto nivel de madurez que no sospechaban en absoluto el porvenir que se anunciaba a lo lejos. ¿Qué sería de nosotros?

Al ritmo de los incipientes samplers de la floreciente música Techno de inicios de los noventas, es que se culmina esta transición no menos colmada de recuerdos y memorias. La transición lo trastornaba todo, de pronto hubo quienes no sabían si seguir comportándose como niños o adoptar una novedosa “pose”. Nuestros cuerpos cambiaban dramáticamente y eso empezaba a afectarnos de sobremanera. En mi caso particular fue el hecho de la irrupción de los barritos por doquier y por el hecho de que no aumentaba de peso a pesar de mi considerable aumento de estatura, recuerdo muy bien que entré al primero de secundaria calzando 38 y terminé el segundo de secundaria calzando 43. Pero esto no es nada, nunca tuve problemas “del pelo”, ya que siempre estuve más o menos conforme con mi cabello lacio, pero otros si los tuvieron ya que de pronto y por obra y gracias de la técnica de la permanente, empezamos a ver crespa a gente recontra “trinchuda”.

Nunca supe a ciencia cierta quienes marcaban el rumbo de la moda escolar en la ciudad en épocas de ausencia de internet, televisión por cable o cualquier sub producto de la globalización -y seguirá siendo un misterio-, pero que esta existía, ¡existía! Mucha atención: ¿A quién se le ocurrió que se veía mejor usar el uniforme escolar con medias blancas?, ¿y además usar medias blancas con zapatos mocasines de tres cuartos para que las medias se “luzcan”?, ¿y encima coser la vasta del pantalón hasta reducir al mínimo el diámetro de este?, simplemente horroroso pero eso era lo más “chévere” durante esos años de transición.

Los galanes de moda, los cuales supuestamente eran nuestros patrones de masculinidad, estaban muy diferenciados, por un lado teníamos a unos juveniles “Magneto” y “New Kids on the block” y por otro lado teníamos a los muy macho-menos “Locomía” y a Pablito Ruiz… ni modo, a usar los cortes “honguitos” y los polos de colores fosforescentes, ¿o nos vestiríamos como los salseros del momento?, al menos yo ¡ni hablar verme como Eddy Santiago o Willie González!, o sea con polos monocromáticos o camisas de chalis y cadenitas colgando del cuello.

Por alguna razón esos veranos fueron mágicos ya que de pronto todos salíamos más seguido a la calle en nuestros respectivos barrios. El soundtrack de nuestras vidas estaba almibarado por lo que nos traía el canal 4, en ese entonces el mayor promotor de la farándula a inicios de los noventas, en consonancia con la mexicana Televisa. Esos años de inicio de los noventas vieron como esa machacona fórmula telenovelas–cantantes dejaba onerosos resultados económicos en nuestro país. A ver, hagamos el recuento: nos teníamos que chantar a Luis Miguel, Lucerito, Emanuel, Mijares, Daniela Romo, Yuri, y para colmo un grupete llamado “Garibaldi” que sonaba a lo bestia en Lima con temas tan profundos como “Que te la pongo” y “Banana”.

Pero la cosa iba a mejorar después conforme avanzamos al segundo de secundaria. Las historias de amor iban en aumento ya que todos teníamos siempre una nueva historia que contar, sea con la vecina, tal como lo narraban Renzo Roldan y Christian Miyagusuku; con la escolar que se subía al mismo microbús que uno, tal como lo contaban Henry Trinidad y Roger León; o con la empleada, tal como lo inmortalizaron el hiper sexualizado “gringo púber” Christian  Álvarez o “camote” Yakov Luján.

Nuestra sexualidad empezaba a despertarse a ritmo geométrico y eso que tuvimos la bendición del cielo de no contar con la Internet ya que hoy estaríamos padeciendo el drama contemporáneo del híper sexualismo, clara consecuencia de un mundo descaradamente pansexualista. Sin embargo, cual río desbordado que busca sus cauces, muchos de nosotros encontramos alicientes en los bikinis dorados y plateados de la Bibi Gaytan; en los shorcitos jeans y tops floreados de una juvenil Thalía cantando “En la intimidad” o “Amarillo azul”; y en las películas “prohibidas” que pasaban los sábados por la noche –siempre a las 11:00 pm. en canal 13-, con títulos tan llamativos como sugerentes, tales como “Porkys”, “Chicle caliente” o “La venganza de los Nerds”, sin contar que todas las películas de horror clase B de la época, léase “Viernes 13″, “Halloween” o “Creepshow”, tenían su buena dosis de chuculún a la carta.

Los eventos que marcaban nuestra masculinidad recién empezaban y de pronto nos dimos cuenta (antes era imperceptible) que entre nosotros habían de los que tenían sus hermanas en los vecinos colegios de mujeres “Nuestra Señora de Copacabana”, “Nuestra Señora del Patrocinio” y “Nuestra Señora de la Consolación” y como que ya nos empezaba a gustar de ir a las casas de los patas para hacer “trabajos en grupo” jajaja. Por alguna razón al colegio que siempre le pusimos un extraño reparo era al de “Nuestra Señora de Montserrat” porque algunos “churrísimos” y “caucásicos” compañeros (según ellos), las llamaban despectivamente “las monserranas” aunque nunca faltaban amigos como Jesús Morales (alias “mamut”) que ponían su corazón en todas (incluidas “las monserranas”).

Como olvidar las fiestas del colegio en noviembre, tan llenas de música, licor y mucha buena onda junto a los esperados y disputados partidos de basquetbol alumnos – ex alumnos; las antiguas kermeses pro fondos que se hacían en el hoy desaparecido Club Revolver del Rímac a ritmo de “Marejada” de Roberto Antonio y “Mi corazón (nene)” de Los Melódicos; las olimpiadas aquinenses que empezaban a realizarse en las instalaciones del complejo José Gálvez Chipocco de Barranco; o las fiestas cívicas celebradas en el patio central del colegio, situación para la cual nos mandaban a todos a sacar las viejas carpetas bipersonales… ¡qué tiempos aquellos!.

Fueron tiempos en los que algunas chapas vieron la luz para quedarse definitivamente hasta el día de hoy, como por ejemplo los tubérculos y comestibles “camote” Yakov Luján, “la papa” Omar Gallegos y “platanazo” Diego Rojas; los dibujos animados como por ejemplo “Cykill” Julio Tello y “Shaggy” Humberto Juscamaita; los cantantes y personajes televisivos como por ejemplo “Air Supply” Juan Ninamango y  “Winnie Cooper” José Ríos; los cinematográficos como “Chucky” José Quintanilla y “Curly” Jimmy Gutiérrez; los animales como por ejemplo “la vaca” Víctor Torres y “mamut” Jesús Morales; o chapas tan sencillas como la de “pibe” Gustavo Ramírez, “loco” Nelson Cabrera, “vampirín” Marco Avilés o la de “cuello loco” Pedro Castellares.

Mientras tanto Lima se estaba llenando de ambulantes por todos lados y encima la violencia terrorista ya se sentía con fuerza dentro de la ciudad, así como la violencia ejercida por los movimientos sindicales en el centro de Lima, ¿Cuántas veces entre 1990 y 1991 estando en clases tuvimos que oler el irritante gas lacrimógeno?, ¿Cuántas veces estando en clases tuvimos que escuchar el ulular de las sirenas policiales?, sin dudas nuestro país estaba descomponiéndose a un ritmo acelerado.

Eran las épocas del incipiente gobierno del “chino” Fujimori, quien había derrotado a Mario Vargas Llosa gracias a la ayuda de la insólita confluencia del APRA y la Izquierda para vencer al “candidato de los ricos” jajajaja (ese fue y es uno de los tantos típicos eslóganes fabricados en los mononeuronales cerebros de la izquierda peruana). Aún recuerdo la noche del 8 de agosto de 1990 en la que salió en televisión el ministro de economía Juan Carlos Hurtado Miller anunciando el “fuji shock” -cosa que Fujimori había prometido no hacer durante la campaña-, y su inolvidable “Que Dios nos ayude”. Fue el gran tema de conversación al regreso de las vacaciones de medio año ya que todos nos contábamos como habíamos pasado esos duros momentos, claro, unos mejor que otros.

Cruzar Lima para nosotros era una odisea ya que habían códigos de tránsito pre establecidos. Hagamos un pequeño repaso. Primero, nunca podías cruzar el puente Santa Rosa a pie en hora de salida (2 pm) ya que al llegar al Rímac podías toparte con una mancha del Externado de Santo Toribio que estaba más que dispuesta a hacerte pasar un mal rato; segundo, nunca podías cruzar con la insignia puesta por la avenida Wilson rumbo a la avenida Alfonso Ugarte ya que podías tener la infeliz suerte de toparte con los del Guadalupe turno tarde con quienes el golpe y el robo estaba casi garantizado; y tercero, casi todo el jirón Rufino Torrico y el jirón Conde de Superunda era nuestro.

Al respecto de esto, recuerdo muy bien que por esos años funcionaba en el jirón Callao un pequeño colegio llamado “Pando”, en el cual estudiaba un reducido grupo de estudiantes que tenían la característica de ser repitentes por lo que uno ya puede imaginarse que este era un colegio para alumnos reciclados (reclutados de entre repitentes y expulsados por conducta inapropiada). Una tarde de noviembre de 1991, uno de estos individuos atacó brutalmente a un esmirriado y poco alto alumno aquinense lo que provocó que se corriera la voz al día siguiente que todo quinto de secundaria (secciones A, B y C) iban a hacer justicia con sus propias manos. Llegada la hora de salida, no solo se había corrido la voz de esto en todo el colegio, sino que todo el alumnado corrió al jirón Callao para ver lo que iba a suceder. La cosa pudo terminar muy mal pues los implicados del Pando fueron encontrados en el paradero del jirón Callao en la avenida Tacna y rodeados por los primeros aquinenses que llegaron, pero estos sacaron escondidos de entre sus pertenencias sendos cuchillos de cocina que hicieron retroceder a los nuestros, para finalmente correr y esconderse en el local de su colegio mientras los profesores y auxiliares de nuestro colegio llegaban para hacer circular a todos los implicados y a la segundilla congregada en aras de defender el honor y la hombría aquinense afrentada. Esto lo sé porque estuve entre los “sapos” junto a mis grandes amigos Yakov Luján (“camote”) y Víctor Venancio (“la baba”).

Creo que el aumento de testosterona en nuestros cuerpos hacía que los ánimos anduviesen muy caldeados porque entre primero y segundo de secundaria todos o casi todos ya habían participado de una pelea. Recuerdo la pelea entre el “cholo” Juan Lastarria y el finadito “cachete de bolsa” John Luna, o una en la que me la di de muy valiente en el recreo y quise pelearme de puro bravucón con el finadito Cesar Guillén quien estaba un año más que nosotros y que dada su corpulencia iba a dar cuenta rápidamente de mí, pero fui salvado por la campana (literalmente hablando) y decidí esconderme en todos los recreos de las siguientes dos semanas hasta que se le aplacaran los ánimos de usarme como pera de boxeo.

Pero tal vez el caso más escandaloso fue la trifulca que se armó en torno a Luis Aponte y René Agapito quienes no tuvieron mejor idea que “cortarla para la salida”. Para ser más específicos pactaron pelearse justo debajo del puente Santa Rosa con tan mala suerte que este duelo se propaló en las tres secciones llegando a oídos del auxiliar Jaime “el zorro” Casas que les tenía preparada la suspensión. Lo anecdótico de esta pelea radicó en que al cegatón de Aponte (usaba unos lentes de fondo de botella) dado el calor del momento se la dio de faite y se sacó la camisa quedando con el torso descubierto a lo que Agapito respondió -por no ser menos-, haciendo lo mismo. La verdad esa pelea solo duró unos segundos porque enseguida ya estaban en el lugar de combate los auxiliares “el zorro” Casas y “capulina” Morales quienes a silbatazos ahuyentaron a la platea.

La verdad es que nunca sufrí en carne propia las cuestiones del orgullo escolar expresado en el amor por el colegio sino hasta que debido a mi talla y alguna que otra buena actuación en las olimpiadas aquinenses, fui convocado por primera vez a la selección de basquetbol del colegio que todos los años participaba en el prestigioso y competitivo torneo de ADECORE. Corría el mes de septiembre del año 1991 -estando en segundo de secundaria-, cuando fuimos invitados a un tradicional partido de basquetbol contra el colegio Externado de Santo Toribio (nuestro alter ego), en la kermesse de aniversario del colegio de mujeres “Nuestra Señora de la Consolación” ubicado en el “Parque del avión” en el Rímac. Entré de recambio en la mitad del primer tiempo y nunca olvidaré el codo de un muchachote de mayor edad que fue a parar en mi pómulo izquierdo junto a la lluvia de insultos que me cayeron en las marcaciones dada mi juvenil velocidad. Sí, bien por mí que esto haya sucedido, ya que desde ese momento y a las malas, comprendí el coraje que debía llevar si es que esa insignia que portaba en el pecho significaba algo para mí y mi historia personal, por eso en mi último partido de ADECORE de ese mismo año y una vez tocado el pitazo final, con toda la espontaneidad y frescura de mis catorce años, me llevé la insignia  a los labios para besarla y saber que estaba entrando en la recta final de mi historia aquinense.

7 comentarios
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  1. Mi estimado Aldo me has echo entrar a un viaje al pasado y me has hecho matar de risa ….. en cuanto a lo que me toca es cierto asi ocurría pero te falto mencionar a dos escuelas, los cuales nuestra promo frecuentaba EL DALTON colegio de Jesús Maria y el DIVINO MAESTRO en la recordada Plaza Francia hasta a sus fiestas de promo ibamos y causabamos sensación jjaja pero en fin gratos recuerdos en compañía de amigos y compañeros de la PROMO SAN VICENTE FERRER.
    PD. Ese banderín de donde lo sacaste no recuerdo ……..

  2. Claaaaaaaaro el Dalton jajaja

  3. Hola Aldo felicidades x tus publicaciones, la verdad admiro tu memoria para recordar tantas cosas que yo habia olvidado, sólo un detalle, el club revolver aún funciona, el que dejo de funcionar es el club de tiro, donde actualmente se construye el túnel q unirá rimac y san juan de lurigancho y donde se estan construyendo condominios, un abrazo

  4. Como dije, para cada uno es una historia que solo sera eso mientras no lo olvidemos, cada uno recordara mas y una historias, porque de eso fue que aprendimos, gracias Aldito. TE OLVIDASTE DE NUBELUZ jajaja

  5. Aldo, al leer tus publicaciones me emocioné mucho, recordé muchas cosas de aquel pasado tan glorioso y bello, como quisiera regresar a esa época tan genial y cargada de mucha inocencia, recuerdo que me moría por terminar el colegio, ahora lo daría casi todo por regresar al quinto de secundaria y tratar de evitar ciertos errores, pero la historia ya está escrita y sólo nos queda seguir adelante…..EL PIBE.

  6. Mi estimado Aldo, no sabes como me he reido! Tengo el gusto de conocer a muchos de los descritos, y realmente me has arrancado lágrimas de risa. Me has enviado 2 décadas atrás, recordando tantas cosas de nuestra contemporaneidad.
    Estaré en espera de la Parte III (qué por supuesto que la colgarás, cierto?).
    Saludos.

  7. Muy buena la publicacion mi estimado y siempre recordado amigo tallarin con zapatillas…jajaja un abrazo bro, espero q te este yendo muy bien, muchos exitos.
    Esperando q publiques la tercera parte,saludos
    BABA

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