"Educar es ayudar a crecer"

LAS LECCIONES QUE EL MAESTRO GUTY CARRERA NOS PUEDE DAR

Sep 9th, 2014 | By | Category: Amenidades - Vida cotidiana

Por ALDO LLANOS MARÍN

La prensa de espectáculos no cabe en su pellejo de alegría y es que en el mes pasado han habido tantos eventos desafortunados, que con su explotación comercial -dizque periodística-, toda la prensa amarilla hizo su “agosto”. Mientras tanto Yván Vásquez no podría estar más que contento ya que la “anaconda” de Guty es más bailada en la selva que la Anaconda de Juaneco, ¿Gregorio Santos?, jugando a “Esto es guerra” desde Piedras Gordas contra Wilfredo Saavedra, ¿y López Meneses?, mandándole fotitos a Milett Figueroa que con tremenda cortinasa de humo ya nos estamos olvidando de la “centralita”. ¡Ya puedes exhalar Nadine!

Pero este artículo pretende poner la mirada sobre Guty Carrera porque es la persona misma la que me interesa. Mi intención es clara y no me iré con rodeos ya que estoy firmemente convencido de que esta noticia debería suscitar conversiones profundas aunque los análisis “vivaces” y “salinos” de Carlos Vivas y Patricia Salinas solo vayan jugando al “raspa y gana” de la impostura intelectualoide.

Entonces, ¿Qué puede enseñarnos el buen Guty de todo esto?

1. Para empezar, la melcocha armada en “Esto es Guerra” siempre termina escapándoseles de las manos a sus productores, ya que pretender jugar a los romances y que encima cobras y leones queden libres de “polvo y(o) paja”, es más difícil que morderse la nuca. Pareciera que el rating obnubilara el sentido común de estos “creativos”, más parecidos a criaturas híbridas, resultados del cruce entre el espantapájaros y el hombre de lata de Oz, que se caracterizan por producir día a día entretenimiento sin cerebro ni corazón.

Pero esto también nos revela por defecto, la urgente necesidad de enseñar antropología filosófica en todas las facultades de Ciencias de la Comunicación, sino, ¿cómo podrían darse cuenta desde el equipo de producción que al ficcionar con los sentimientos de dos personas, la realidad puede desbordarse y superar a la ficción?

Entonces, y partiendo desde este punto, el maestro Guty nos señala donde se inició su descalabro sentimental así como su auge y caída televisiva: En las solitarias neuronas de los encargados de producción, sumado a su impetuosa búsqueda de paz interior por medio de la postura del misionero en lugar de la postura del loto. ¡Vaya que alcanzaste el nirvana televisivo, Carrera!

2.- Una vez que los creativos definieron a los implicados, la maquinaria publicitaria nos empezó a mostrar el lado más superficial de cualquier relación de pareja: el sentimental, y no contentos con eso, la mononeuronal producción le llamó eufemísticamente a estos almibarados gestos: “retos por amor”, o “sorpresas de amor”, total, ¿quién de nosotros no ha caminado por una cuerda a más de treinta metros de altura por “amor”?, ¡yala!, ¿quién de nosotros no ha convencido a cincuenta extraños para que levanten una pancarta que en conjunto muestren un corazón rojo con un mensajito de suspiro?, ¡típico!, ¿quién de nosotros no ha comprado un par de pasajes a Disney ya que esto demostraría la simplicidad y el valor de nuestro “amor”? ¡Hasta Charlie Sheen lo haría!

Lamentablemente de este modo se empezó a inocular a los televidentes una raquítica idea de lo que es el amor, la cual nos dice in extremis, que si realmente quieres “amar”, y encima verte fashion, debes centrarte primero en realizar actos visibles cada vez más aparatosos y estridentes.

Llegados a este punto, Guty, al tratar de “arreglar” la cosa mediante una televisada “pedida de mano”, nos enseñó que esto no es expresión de amor sino de sentimentalismo, porque el Amor no parte del hacer sino del ser. Por medio de esta descarada actuación, un desesperado Guty nos ha revelado que cuando el amor -o el supuesto “amor”-, parte del hacer, uno siempre termina creyéndose cualquier fábula que la conveniencia redacta para poder acallar a la conciencia. Un amor que se construye desde acciones externas (modo de ser) y no desde el ser personal no es nada, sino a lo mucho un suspiro que se lo lleva el viento. Por eso nuestro maestro perdido en Miami nos aconseja silenciosamente leer “En búsqueda del tiempo perdido” de Marcel Proust, ya que por medio de esta obra, el escritor francés nos muestra, al igual que Guty, como se encarga la vida misma de desbaratar todo sentimentalismo que en el fondo no son más que placeres planificados e incluso culposos, entregándonos a cambio, la posibilidad de una felicidad inesperada, la posibilidad siempre latente de poder amar siendo. He ahí la primera gran enseñanza.

Asimismo, Guty nos enseña luego de su fallido comprometimiento que se trata verdaderamente de amor cuando se ama sin “sentirlo”, es decir, cuando se parte de una decisión y no de una mera sensación. Guty nos ha mostrado por la vía de la negación que el núcleo del Amor radica en el binomio Aceptar–Dar, binomio que siempre parte de un Sí, el Sí a un compromiso, el Sí que nos hace estar junto a la persona amada no solo en las buenas, sino también en las malas, no solo en la riqueza, sino también en la pobreza, no solo en la salud sino también en la enfermedad. Un Sí que nos hace estar juntos hasta que la muerte nos separe. ¿De qué valen entonces tanta maroma y activismo sentimental, tanta peliculina y figuretismo rosa, si es que desde un inicio cualquier relación ya tuviera fecha de vencimiento? ¡No jodan! -Espeta el maestro Guty-, que junto a Proust, han develado nuestro más profundo anhelo por alcanzar la esencia del Amor, aquella esencia de la que tanto se parlotea pero que nunca se vislumbró ni por asomo en “Esto es guerra”.

3.- Una vez que la maquinaria publicitaria se asentó, adormecer a la masa con los cuentos de hadas fue muy fácil. De un momento a otro, el “potro” Carrera ya estaba en arrumacos con una mayor en edad Melissa Loza, situación que tuvo como ingrediente sazonador a la negativa de la familia de Guty a aceptar esa relación. Más específicamente, la negativa abierta y deslenguada provenía de su madre, la modelo Edith Tapia, y de su hermana.

Día tras día, la situación iba saliéndose de control. Una Melissa Loza, hecha y derecha, no iba a soportar las intromisiones de la Tapia y compañía, ¡como si Carrera todavía fuera un crío! Las indirectas y los mensajes encriptados de estas damas volaban sin control teniendo en medio al pasmarote de nuestro maestro. Por un lado teníamos la encarnación de la eterna desconfianza ante una mujer mayor y por otro lado la vehemencia y hasta terquedad, de la que no quiere soltar prenda alguna. ¿Qué podía faltar a esto? Pues una mujer más…

Si es que por aquellos días se realizaba una encuesta que determinaría cuál de todas las parejas de marras era la más querida, sin dudas la de Guty con Melissa hubieran encabezado las preferencias del respetable. Y es que esta pareja lo tenía “todo”. Por un lado, Guty se presentaba como el prototipo del chico bueno, noble, “tranqui” y por ende “fiel”, mientras que por el otro, Melissa se presentaba como la mujer enamorada, de armas tomar, capaz de enfrentarse al temible “que dirán” y al nada ventajoso pasado común con Roberto Martínez. Seamos claros, Melissa fue la que más perdió en todo esto ya que no solo se enfrentó al “que dirán” por ser la mujer mayor sino también porque se enfrentó a la jodida oposición de la familia de su pareja.

4.- La llegada de la chica “Candy” por excelencia, la despampanante Milett Figueroa, no hizo sino más que despertar del sueño fantástico y engañoso en el que se encontraba sumido nuestro maestro. Al mostrarlo como un libidinoso exhibicionista (mostrando las fotos que este le enviaba desnudo), rompió la careta de chico bueno que este llevaba puesto. Al mostrarlo como un procaz y erótico escritor de WhatsUpp se rasgó el disfraz de chico “tranqui” que portaba. En resumen, al mostrarlo como un encaprichado e insistente consumidor de caricias ajenas, Milett le hizo el favor de romperle la imagen de hombre enamorado y fiel que sus seguidoras adoraban todos los días de 6:30 a 8:00 pm.

Una vez descubierto y humillado, avergonzado y desnudo, es cuando nuestro maestro nos regala su mejor enseñanza, enseñanza que se dicta con la voz del dolor del propio sufrimiento, sufrimiento bendito porque destruye todo lo que nos oculta como seres personales, porque en la cima de la cruz es cuando se alcanza por fin el esquivo Amor.

Desde Miami, nuestro maestro ha mostrado un nuevo rostro, tal vez recordando las más profundas lecciones de vida aprendidas en los claustros de la UDEP, porque el encuentro con nuestra verdad mas profunda se da cuando nos damos cuenta que con nuestras propias fuerzas nada podemos, cuando nos damos cuenta que al quedar destruida nuestra propia e idolatrada autoimagen es cuando por fin podemos abrir la boca del alma y pedir con humilde confianza perdón y misericordia. El maestro Guty nos enseña por el lado reverso de su físico, trabajado a fuerza de repeticiones y la ingesta de suplementos proteínicos, que el cuerpo tiene el mismo valor que el alma, que para ver la verdad del amor en su plenitud no es necesario cerrar los ojos ni mucho menos arrancarlos. Ya no se trata de ocultar los errores y los horrores personales para sentirnos un poquito más seguros, ni sumergirnos en el anonimato de las fiestas interminables que a ritmo de un electro intenso nos impediría escuchar los sonidos del alma constipada.

No queridos míos, ya no debemos tener miedo al miedo de afrontar la terrible verdad personal. Ya no importa si es que entramos al set de televisión de la vida sin maquillaje ni gomina o con las marcas del acné y las ojeras pronunciadas, porque más difícil siempre fue, es y será, entrar al plató siendo siempre uno mismo, siendo siempre Guty Carrera. Al estar destruida la propia imagen hecha por él mismo, su descubierto y vergonzante yo al fin puede abrazarse sin obstáculo alguno con su Creador, quién al levantarlo desde el desprecio de las masas le da un golpe mortal a lo peor de Guty Carrera: su orgullo.

El maestro Guty ha culminado su lección. Al final todo se resume en abandonar nuestras falsas seguridades psicológicas en pos de una confianza ciega hacia Aquel que ya empieza a vislumbrarse en el interior. Cuando al fin no se tiene nada, cuando por fin Dios ya puede serlo todo. Gracias maestro Guty.

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