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FOREVER 21 Y EL DESEO DE SER CONSUMIDOS – El modelo económico peruano y sus carencias antropológicas

Oct 21st, 2014 | By | Category: Antropología - Filosofía

Por ALDO LLANOS MARÍN

La noche del sábado 27 de septiembre una noticia empezaba a ser tendencia en el twitter y era ampliada en todos los portales informativos del Perú: la conocida cadena internacional de ropa casual y barata (bueno, para los gringos lo es), Forever 21, abría su primera tienda peruana en el hasta hace poco controvertido mall Real Plaza Salaverry en Jesús María.

Las noticias daban cuenta que desde tempranas horas de esa mañana, cientos de adolescentes habían llegado a dicho centro comercial con el deseo (ya rayando en la angustia) de adquirir una prenda de moda y alcanzar además un cupo en el reparto de vales de canje que la tienda había ofrecido a las primeras trescientas personas ¿El resultado? La formación de larguísimas colas que ocuparon varias cuadras alrededor del Real Plaza Salaverry y la consecuente generación de caos vehicular.

¡¿WTF?!, me dije al observar las fotos publicadas, ¿era esto realidad? No, no se trataba de las colas ochenteras por conseguir un par de bolsas de leche ENCI, ni tampoco se trataba de las colas originadas en los paraderos del Corredor azul. ¿Acaso estaban devolviendo el dinero del FONAVI?, o mejor aún, ¿estaban devolviendo inesperadamente el dinero de CLAE?, ¡¡¡no!!!, se trataba de una tropa de chiquillas –en su mayoría-, que estaban queriendo comprar, adquirir, conseguir, llevar, obtener, poseer… consumir… ropa, moda… apariencia…

ECONOMÍA Y DESEO

Toda relación económica no es neutral, sino que desde su despliegue, van portando ideas pre-concebidas sobre lo que es una persona humana, su naturaleza así como su origen y su destino. Por eso cabe decir que en toda aplicación práctica de la Economía, así como en la Economía teórica, está implícita una antropología y una teología que siempre correrán el riesgo de ser manipuladas por la lógica de la razón instrumental.

¿Por qué todas esas jóvenes fueron incapaces de resistir a la fuerza de atracción del mercado y a la seductora violencia consumista? Es como si sus reflejos ante los estímulos del mercado ya estuvieran pre-determinados por una in-conciencia liberal. Y es que sin necesidad de ser “religiosos” todos rendimos tributo al dios Mammón cuando nos sumergimos en la vorágine del mercado y en la dinámica de la oferta y la demanda huérfanos de cristianismo. Por eso no sería nada raro comprobar, que para muchas jóvenes que hicieron sus colas aquel día, la Iglesia solo sea una organización cuya misión sería la de “ofertar” servicios que dejen satisfechos los gustos e intereses de la sociedad. Total, ¿no es dogma de fe que “el cliente siempre tiene la razón”?

¿Por qué ese deseo de consumir de estas adolescentes se convierte en un festín comercial?, ¿Por qué estas chicas son capaces de pasarse horas de horas paradas en las colas de acceso a Forever 21 y sin embargo enfadarse y protestar cuando su padre las manda a pararse en las colas del banco, Sedapal o Telefónica para poder pagar los servicios domésticos?

Y es que la respuesta de fondo se encuentra en clave antropológica-teológica y no -de modo excluyente-, en clave psicológica ni mucho menos sociológica. Lamentablemente, la pretensión de aportar los contenidos cristianos de persona, naturaleza, origen y destino a la praxis económica, es mal visto y combatido por el liberalismo ilustrado de nuestro país que a lo mucho tolera una mínima injerencia ética. Basta leer las columnas de Juan José Garrido en Perú 21 y a Enrique Pasquel en El Comercio como para darse cuenta de ello.

Por otro lado se nos quiso hacer creer que el camino para “cristianizar” los cimientos y la praxis económica pasaba por consagrase al capitalismo irrestricto, a la derecha política y a la democracia liberal. Sin dudas este intento que surgió en los noventas en el fondo es lo mismo que la prédica setentera de afirmar que el único camino para cristianizar los cimientos y la praxis económica pasaba por consagrarse al marxismo, a la izquierda política y al socialismo en general. Este dualismo merece ser rechazado.

Al ver lo ocurrido en esta tienda creo necesario someter los dogmas de la economía neoliberal a una continua y rigurosa crítica preguntándonos si es que este modelo adoptado en el Perú realmente hace más felices a nuestros compatriotas o simplemente los devora sin importar nada.

Asimismo, también creo que es más importante discutir los fundamentos antropológicos y teológicos de la Teoría Económica antes que discutir si es que el libre mercado se regula mejor con o sin intervención estatal, si no, preguntémonos: ¿cada compra realizada en Forever 21 –como lo puede ser en Gamarra o El Polo-, contribuyó a que cada “consumidor” se haga más persona?, ¿y a la cajera?, ¿y a los acomodadores? Y es que una respuesta afirmativa solo puede vislumbrarse si comprendiéramos que toda transacción económica es una posibilidad de comunión entre las personas y una apertura hacia su destino eterno.

LAS TRANSACCIONES ECONÓMICAS COMO POSIBILIDAD DE COMUNIÓN

De acuerdo a lo expresado, una cristianización de los fundamentos de la economía nos debería llevar a comprender que uno de los fines ineludibles de la vida humana es la comunión con las demás personas, pero esta comprensión nunca será resultado de una preferencia humanista o filantrópica, sino la prosecución de un fin teológico, un fin establecido por el mismo Dios en su revelación novotestamentaria.

También vale decir que las acciones concretas derivadas de esta comprensión solo serán factibles si es que son realizadas en condiciones de verdadera libertad y no solo porque el sistema lleve el rótulo de “libre mercado”.

Para que las transacciones económicas sean verdaderamente libres, no basta con pensar que estas lo serán solo por no estar sometidas a la intervención estatal o a cualquier tipo de regulación sobre el mercado. Para que estas sean verdaderamente libres, tienen que orientarse hacia un fin positivo que en todo hombre es la eternidad de la vida en Dios.

Esto jamás se podrá lograr en un estado liberal que en vez de ser saludablemente laico se comporta de modo laicista equiparando –lamentable y perjudicialmente-, un estado no confesional con un estado ateo. De igual modo, esto jamás se logrará bajo las imposiciones y coerciones típicas de los gobiernos socialistas en donde prepotentemente se tutela un agnosticismo de estado sobre el fin último de la vida humana.

Esta es pues la “pequeña” gran carencia en Keynes y Friedman, quienes al no considerar el fin último del hombre –en Dios-, tuvieron una visión reduccionista sobre la libertad de las transacciones que terminó dando paso a teorías económicas impulsadas por una mayor intervención estatal en un caso (Dios es suplantado por el Estado) y a una deriva liberal en el otro (Dios es suplantado por el Mercado).

Ante la indiferencia y desprecio de toda reflexión sobre el fin último del hombre -causa final de todo deseo humano-, solo queda el propio deseo como fin último, estableciéndose entonces la arbitraria voluntad de poder de unos contra otros ya que la libertad será entendida en sentido negativo: libertad de, en vez de entenderla en sentido cristiano o positivo: libertad para, cuyo fin último ordena todas las arbitrariedades del deseo.

¿DESEOS DE CONSUMIR O SER CONSUMIDOS? LA EUCARISTÍA COMO FUNDAMENTO Y SOLUCIÓN

Viendo las imágenes de las colas en el Real Plaza Salaverry uno puede notar con facilidad a que segmento socioeconómico de la población limeña se dirige Forever 21. Un amigo que vive un cristianismo “progre” me dijo que allí estaban las adolescentes que no tenían una mayor “conciencia cristiana” sobre la sociedad peruana y sus diferencias, sino, ¿para qué comprar ropa de marca si es que ya se tienen esos modelos en el ropero? Esto revelaría -dijo- un olímpico desapego por las cosas, que al ser acumuladas teniéndolas ya en el guardarropa, solo demuestran que la posesión de estas nunca terminará de colmar el deseo de consumir. Tal vez -le dije-, pero, ¡lo mismo le ocurrirá a una adolescente de vivencia cristiana sincera y perseverante!, ya que al igual que la anterior, esta también tendrá bien claro que ninguna cosa podrá colmar todos sus deseos. Entonces, ¿cuál es la diferencia?

En el primer caso, el deseo de consumir es autorreferente por lo que siempre se termina consumiendo una cosa tras otra; mientras que en el segundo caso, el deseo de consumir es un deseo de ser consumido.

Surge entonces el lugar en el cual todo deseo de consumir es colmado porque este, en lugar de mirar hacia sí mismo y poseer bienes de consumo, se abandona para ser consumido, para ser poseído por el sumo Bien, por aquél Otro que en su omnipotencia es el único que puede colmar todos los deseos.

Este lugar y acontecimiento es la Eucaristía, porque al comulgar, más allá de consumir el cuerpo de Cristo, somos incorporados a Cristo mismo, ¡consumidos! y por ende, partícipes de la vida en Dios en comunión con toda la humanidad redimida.

Es a través de la comprensión y vivencia de esta comunión que las cosas son vistas de otro modo. Ya no se tratará de comprar ropa en Forever 21 sin importarme un carajo como fue producida y quienes la produjeron. Al tener conciencia y vivir la experiencia de ser consumidos por Dios, ahora me importará saber si es que esta ropa fue producida por niños o adultos en condiciones laborales muy desfavorables así como será importante sonreírle a esa cajera insoportable de axilas sudorosas como al intratable guardia de seguridad que le cuesta hacer su trabajo ante tantísima gente que pitea en la cola.

Por otro lado, en la Eucaristía siempre hay abundancia ya que siempre somos superados: la creatura nunca es superior a su creador. Al ser consumidos por Dios, sea en una parroquia de Monterrico como en una capilla de Jicamarca, se esfuman las diferencias entre el que “tiene” y el que “no tiene”, en términos de posesión de bienes de consumo y se evidencia en cambio la comunión de las personas orientadas hacia su fin último.

Visto desde otro ángulo, la Eucaristía también es un espacio de revolución económica ya que transforma nuestra visión de la economía y su praxis, orientándola positivamente hacia el bien del hombre sobre el mero beneficio económico.

Al asistir a Misa, vivir la liturgia y comulgar el cuerpo de Cristo, somos informados sobre quiénes somos y a qué estamos llamados en este mundo ya que por medio de todas las actividades humanas, como lo son las actividades económicas, nos iremos acercando o alejando al anhelado encuentro con Dios al final de nuestra vida terrenal… ¡Divina Economía!

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