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GERMÁN DOIG KLINGE – Carta abierta escrita entre el cielo y el infierno

Feb 16th, 2011 | By | Category: Religión, Teología y Vida Eclesial

Por ALDO LLANOS MARÍN

Hoy, recordado Germán, te escribo con la autoridad del que simplemente no la tiene porque sé que desde algún lugar entre el cielo y el infierno, leerás estas líneas al igual que muchos cristianos y no tan cristianos de este mundo –por morbo tal vez -. Hablo de cristianos que te conocieron y que necesitan un “por qué”, hablo de cristianos que hoy por hoy se llenan de interrogantes y dudas, de recelos y angustias, de desprecio y compasión, de ira y pena… de todo eso que es humano… muy humano…

Germán, allí dentro de ti estuvo el corazón, el corazón de tu ser, aquél lugar en el que moraba el Espíritu Santo cuando estabas en gracia -cuando confesabas todos tus pecados-, el lugar de donde salía lo más puro de ti, cuando salía aquello que te valió el apelativo de “apóstol de la nueva evangelización”, cuando salían aquellas palabras e ideales de la “Teología de la Reconciliación”, cuando salía aquello que hacía más grande al reino de Cristo en y desde el MVC. No, no soy ni fui del MVC, pero te tuve siempre presente a través de tus escritos y a través de aquellos a quienes hiciste el bien y que siempre dedicaron un tiempo para hablarme de ti. Pero el corazón, ese corazón, también está lleno de oscuridades, acosado por ese aguijón sempiterno de la carne, condenado a una ardiente batalla entre el ser y el no ser y en esos terrenos profundos y oscuros uno nunca sabe a ciencia cierta, sólo Dios sabe y sólo Él puede decírnoslo si encuentra en nosotros… esperanza… o un poquito de fe.

Te escribo porque hoy se han unido al cruento dolor de los verdaderos sufrientes de esta historia, una caterva de leones rugientes que merodean siempre la barca de Pedro buscando un resquicio para ver a quien devorar… para hacer naufragar su viaje…, son los “oportunísimos” paladines de la justicia, jueces implacables de sonrisitas cachacientas y lenguas mordaces que lanzan manifiestos y diatribas contra el primer yerro de los que representan la postura contraria, para así poder justificar por fin sus estrecheces mentales y desvaríos intelectuales.

Causa estupor las insistentes acusaciones de Pedro Salinas, José Enrique Escardó y demás ex sodálites, casi siempre mediáticos en los cuales destila rabia –quiero creer justificadas por comprensibles-, por los excesos cometidos en su formación espiritual, pero quiero creer Germán, que ellos lo hacen no por odio, sino por amor a los sodálites en ejercicio y por amor a una justicia terrena y temporal… al menos eso, porque ya sería excesivo pedir que lo hicieron por amor al MVC –si es que alguna vez lo quisieron de verdad-, en las buenas y en las malas… quiero creer que lo hacen por un estricto sentido de justicia humana, bajo la cual todos los cristianos estamos sujetos, reconociendo nuestras culpas,enmendando lo que pueda enmendarse y reparando lo que pueda repararse.

Pero también me parecieron sospechosos esos paladines de la justicia humana, como los Carlos Carlín, las Jennifer Llanos, los Rafo León y demás miembros del bestiario de los mass media peruanos, que rasgándose las vestiduras por las debilidades ajenas, utilizan las faltas del contrario como arma arrojadiza, lista para ser lanzada contra cualquier cosa muy distinta a la falta en mención aprovechando el momento. Cómo me dan asco esos paladines de la justicia humana que utilizan el dolor de los verdaderos sufrientes para así legitimar estupideces de toda laya, Germán, ¿por qué tu falta se lanza contra el celibato apostólico?, ¿por qué tu falta se restriega en el rostro de los que se oponen a la presencia de homosexuales en el clero?, ¿qué tienen que ver tu falta con la permisión del matrimonio gay y su adopción de niños? Pues al responder estas preguntas sencillas vemos más claramente a esos buitres de la desgracia ajena, a toda esa podredumbre ataviada de moral secular.

Así estamos ahora Germán, así nos has dejado, y en medio de esta contradictoria y dolorosa situación, observo nítidamente que la línea que nos separa es tan ínfima que no puedo juzgarte ni mucho menos condenarte -a casi diez años de tu deceso-, porque en el pecado todos pero absolutamente todos somos hermanos y porque solo tendrían ese “derecho” los verdaderos sufrientes de esta historia frente a los cuales solo nos queda a los católicos hacer dos cosas:

  1. Que tú y yo querido lector, seamos cada vez más buenos, luchando sin cesar contra todas nuestras penumbras y oscuridades para que así hayan dos sinvergüenzas menos en la iglesia católica y en el mundo.
  2. Que tú y yo apreciada lectora, oremos mucho y sin desmayar para que los que eligieron la vida consagrada lo hagan con la entereza y la humildad que solo da Dios a todos aquellos hombres y mujeres de buena voluntad, a todos aquellos hombres y mujeres cuyos corazones son conformes a Él.

Que así sea y que la paz del Señor inunde a todos los que leyeron esta misiva bajo diversas circunstancias.

Amén.

3 comentarios
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  1. A veces da miedo llegar a las alturas que llego German, hay que tener mucha fuerza porque el enemigo siempre quiere derribar la torre mas alta, los demas le importamos poco…aunque no necesariamente…
    pero el que este libre de culpa, que tire la primera piedra…muy bonito su mensaje Sr.Llanos, ojala que hubieran muchos que pensaran (pensaramos) asi …capaz el mundo seria diferente…

  2. Pero por otra parte Antonio, también se equivocaron algunos que desesperadamente quieren elevar a los altares a quien puedan con “espíritu de cuerpo”, sin contemplar que somos hombres y que en una postulación a la beatificación hay más mano de Dios que diligencias en tropel de los hombres. Un abrazo.

  3. […] El desconcierto que cundió, sobre todo entre aquellos que habían conocido personalmente a Germán, fue enorme. Quizás quien de mejor manera expresó este sentimiento fue Aldo Llanos Marín, Presidente de los Talleres de Formación e Investigación Tomás Alvira, que escribió en su blog lo siguiente (ver http://web.archive.org/web/20120609064406/http://www.tomasalvira.com/?p=929): […]

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